tiempo ordinario

X Tiempo Ordinario Ciclo “B”

Lecturas de este domingo

  • Primera Lectura: Génesis 3, 9-15: “Pongo hostilidad entre tu descendencia y la descendencia de la mujer.”
  • Salmo 129: “R. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.”
  • Segunda Lectura: 2 Corintios 4, 13 — 5, 1: “Creemos y por eso hablamos.”
  • Evangelio: Marcos 3, 20-35: “Satanás está perdido.”

Notas para la reflexión

Queridos hermanos y hermanas,

Hoy, en el décimo domingo del tiempo ordinario, las lecturas nos invitan a reflexionar sobre la realidad del pecado, la redención y la fe. Estos textos nos proporcionan un mensaje profundo y esperanzador para nuestra vida cotidiana.

En la primera lectura del libro del Génesis, escuchamos el relato de la caída original del ser humano (Génesis 3, 9-15). Este pasaje nos recuerda que desde el principio, la humanidad ha estado en lucha contra el mal, simbolizado por la serpiente. Sin embargo, Dios no nos abandona en nuestra condición caída. Al contrario, Él promete una victoria futura: “Establezco enemistades entre ti y la mujer, entre tu estirpe y la suya; ella te herirá en la cabeza mientras tú la hieres en el talón” (Génesis 3, 15). Este primer anuncio de salvación se cumple plenamente en Jesucristo, quien derrota al maligno y nos ofrece una nueva vida.

El Salmo 129 nos lleva a clamar a Dios desde lo más profundo de nuestra angustia: “Desde lo hondo a ti grito, Señor” (Salmo 129, 1). Este salmo nos enseña a reconocer nuestras culpas sin disimulos y a confiar en la infinita misericordia de Dios. En medio de nuestras debilidades y pecados, podemos encontrar esperanza en el Señor, quien es capaz de perdonar, sanar y redimirnos completamente.

San Pablo, en su segunda carta a los Corintios, nos recuerda la importancia de la fe en nuestra vida: “Creemos y por eso hablamos” (2 Corintios 4, 13). Nos anima a mirar más allá de las dificultades temporales, enfocándonos en lo eterno y en la promesa de vida que tenemos en Cristo. Esta perspectiva nos da la fuerza para perseverar y mantenernos firmes en la fe, sabiendo que nuestras tribulaciones presentes no se comparan con la gloria eterna que nos espera.

El Evangelio de Marcos nos presenta un episodio donde Jesús es incomprendido y rechazado por sus propios parientes y los escribas (Marcos 3, 20-35). A pesar de estas acusaciones, Jesús proclama su poder sobre Satanás y nos enseña sobre la gravedad de la blasfemia contra el Espíritu Santo, es decir, la impenitencia y el rechazo obstinado de la misericordia de Dios. Pero también nos da una visión maravillosa de lo que significa ser parte de su familia: “Todo el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre” (Marcos 3, 35).

En nuestras vidas diarias, estas enseñanzas nos llaman a:

  1. Reconocer y Confesar Nuestros Pecados: Como el salmista, debemos acercarnos a Dios con un corazón sincero, reconociendo nuestras faltas y confiando en su misericordia. Esto implica un examen de conciencia regular y la recepción del sacramento de la reconciliación.
  2. Vivir con Esperanza y Fe: Al enfrentar las pruebas y tribulaciones, debemos mantener nuestra mirada en lo eterno, recordando que nuestras dificultades son pasajeras y que Dios tiene un propósito mayor para nosotros. Esta esperanza nos dará la fortaleza para seguir adelante.
  3. Construir la Familia de Dios: Al hacer la voluntad de Dios y vivir conforme a sus enseñanzas, nos unimos a la verdadera familia de Cristo. Esto nos invita a ser comunidad, apoyándonos mutuamente y trabajando juntos por el bien común.
  4. Rechazar la Impenitencia y la Desesperación: La verdadera blasfemia contra el Espíritu Santo es la falta de arrepentimiento. No debemos permitir que el orgullo o la desesperanza nos alejen de la gracia de Dios. Siempre hay un camino de regreso a su amor y misericordia.

En conclusión, hermanos y hermanas, dejémonos transformar por estas palabras de vida. Acerquémonos con humildad y confianza al Señor, permitiendo que su misericordia renueve nuestros corazones y nos guíe en nuestro caminar diario. Que nuestra fe nos impulse a vivir como verdaderos hijos de Dios, siempre atentos a su voluntad y comprometidos en la construcción de su Reino.

Amén.

Mensaje de fe

Nuestra fe en Dios debe ser activa y visible. Creemos en las promesas de Dios y por eso hablamos y actuamos con confianza. La fe nos da la certeza de que, aunque enfrentemos dificultades, Dios tiene un plan y una promesa de victoria sobre el mal.

Mensaje de esperanza

La esperanza cristiana se basa en la certeza de que Dios tiene la última palabra. A pesar de las apariencias de caos y maldad, sabemos que la victoria final es de Dios. La promesa de redención y misericordia de Dios nos da fuerza para seguir adelante, sabiendo que nuestra morada eterna está con Él.

Mensaje de caridad

La caridad se manifiesta en nuestro compromiso con la voluntad de Dios y en nuestra relación con los demás. Somos llamados a ser la familia de Jesús, aquellos que hacen la voluntad de Dios, mostrando amor, misericordia y compasión hacia los demás. Vivamos nuestra fe con acciones concretas de amor hacia Dios y el prójimo.

Características

  • Duración aproximada de la homilía: 10-15 minutos.
  • Sujeto hacia quién va dirigido: Comunidad parroquial en general, incluyendo familias, jóvenes y adultos.
  • Frase concluyente: “Vivamos como verdaderos seguidores de Cristo, mostrando con nuestras palabras y acciones que creemos en su victoria sobre el mal.”

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