tiempo ordinario

XIV Tiempo Ordinario Ciclo “B”

Lecturas de este Domingo

  • Primera lectura: Ezequiel 2, 2-5. “Son un pueblo rebelde y reconocerán que hubo un profeta en medio de ellos.”
  • Salmo 122. R. “Nuestros ojos están en el Señor, esperando su misericordia.”
  • Segunda lectura: 2 Corintios 12, 7b-10. “Me glorío de mis debilidades, para que resida en mí la fuerza de Cristo.”
  • Evangelio: Marcos 6, 1-6. “No desprecian a un profeta más que en su tierra.”

Monición Inicial Misa Pro Populo

Hermanos en Cristo, nos reunimos hoy para celebrar la Eucaristía, la fuente y cumbre de nuestra vida cristiana. En este domingo, la Palabra de Dios nos invita a reflexionar sobre la presencia de los profetas en nuestras vidas y cómo Dios se manifiesta en nuestra debilidad. Que el Espíritu Santo abra nuestros corazones para acoger su mensaje y nos fortalezca en nuestra fe. Dispongámonos a celebrar con alegría y devoción estos sagrados misterios.

Monición Inicial Misa con Niños

Queridos niños , hoy vamos a escuchar en la misa cómo Dios elige a personas muy especiales para llevar su mensaje a otros, incluso cuando la gente no quiere escucharlos. También aprenderemos que cuando nos sentimos débiles o pequeños, Dios nos da su fuerza. Abramos nuestros corazones y oídos para escuchar y aprender lo que Dios nos quiere decir hoy.

Notas para la Reflexión

Queridos hermanos,

Hoy nos encontramos nuevamente ante la Palabra de Dios, que nos ofrece una profunda reflexión sobre la dificultad de creer y la postura de los hombres frente a esta tarea. Los textos de la liturgia nos presentan un cuadro donde la incredulidad y la dureza de corazón obstaculizan la obra de Dios, un tema que resuena con fuerza en nuestro mundo contemporáneo.

Imaginemos por un momento que estamos caminando por una senda difícil, rodeados de obstáculos que nos impiden ver claramente el camino. Esta senda simboliza nuestra vida de fe, donde a menudo nos encontramos con desafíos que ponen a prueba nuestra confianza en Dios. Nuestro relato de hoy nos lleva a través de la misión de Ezequiel, la experiencia de Jesús en Nazaret y las enseñanzas del Salmo 122.

Nuestro viaje comienza con el profeta Ezequiel, a quien Dios envía a una “raza de rebeldes; hijos testarudos y de corazón endurecido”. Ezequiel representa al mensajero de Dios que, a pesar de la hostilidad y la rebeldía del pueblo, debe proclamar la verdad divina. En muchas ocasiones, nosotros también nos enfrentamos a un mundo que rechaza la fe, que se resiste a escuchar el mensaje de salvación. Pero Ezequiel nos muestra que, aunque el camino sea difícil, la misión debe cumplirse porque es Dios quien nos envía y nos sostiene.

Mientras seguimos avanzando, llegamos a Nazaret, el lugar de origen de Jesús. Aquí encontramos una escena sorprendente: Jesús, quien ha realizado tantos milagros y enseñado con autoridad, es rechazado por su propio pueblo. Los nazarenos, aunque reconocen su sabiduría, no pueden superar sus prejuicios y se niegan a aceptar que Jesús sea el Hijo de Dios. Esta incredulidad refleja una profunda incapacidad de ver la divinidad en lo cotidiano, de reconocer a Dios en lo familiar y lo común. Es como si una niebla espesa cubriera sus ojos, impidiéndoles ver la verdad que tienen delante.

Jesús, en su amarga reflexión, dice: “Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio”. Esta frase, que se ha vuelto proverbial, nos lanza una advertencia clara: no caigamos en el error de los nazarenos. No permitamos que nuestra familiaridad con Jesús y su mensaje nos haga insensibles a su presencia y su poder. La incredulidad y el escepticismo pueden infiltrarse en nuestro corazón, alejándonos de la gracia que Dios nos ofrece.

En este punto de nuestro relato, es crucial hacer una pausa y reflexionar sobre nuestra propia vida. ¿Cuántas veces hemos dejado que la duda y el escepticismo se interpongan entre nosotros y Dios? El Salmo 122 nos ofrece una poderosa lección de humildad y confianza. Nos enseña a levantar nuestros ojos a Dios con una fe sincera, reconociendo nuestra total dependencia de su misericordia. Este salmo, una súplica confiada de los pobres de Yahvé, nos invita a orar con humildad, no exigiendo, sino esperando todo de la bondad del Señor.

San Pablo también nos recuerda esta verdad en su carta, diciendo: “Te basta mi gracia”, pues la fuerza de Dios se manifiesta en la debilidad del hombre. En nuestras debilidades y dificultades, la gracia de Dios se hace presente de manera poderosa. Como Jesús, que ante el rechazo de Nazaret se dirigía a su Padre con confianza total, nosotros también debemos aprender a confiar plenamente en el amor y el poder de Dios, especialmente en los momentos de prueba.

Así, nuestro relato nos lleva a una conclusión crucial: debemos hacer el salto de la fe. Pasar del escepticismo y el escándalo al asombro y el seguimiento. Debemos estar dispuestos a reconocer la presencia de Dios en lo cotidiano, a ver su obra en nuestra vida diaria y a abrir nuestros corazones a su acción transformadora. La incredulidad nos deja estancados, pero la fe nos mueve hacia adelante, nos permite experimentar la verdadera liberación y la gracia de Dios.

Pidamos hoy la intercesión de la Virgen María, cuyo corazón estuvo siempre libre de duda y pecado. Que ella nos guíe en nuestro camino de fe, ayudándonos a superar nuestras dudas y a confiar plenamente en su Hijo, Jesús. Que en nuestra travesía, incluso en medio de las sombras y los obstáculos, la luz de la fe brille con todo su esplendor, llevándonos siempre más cerca de la verdad y del amor de Dios.

Amén.

Peticiones

  1. Por la Iglesia, para que sea siempre fiel a su misión profética y testifique valientemente la verdad de Cristo en todo el mundo, roguemos al Señor.
  2. Por el Papa, los obispos y sacerdotes, para que el Espíritu Santo los fortalezca en sus debilidades y les dé sabiduría y valentía en su ministerio, roguemos al Señor.
  3. Por la paz del mundo, para que cesen los conflictos y las naciones busquen soluciones justas y duraderas, roguemos al Señor.
  4. Por aquellos que sufren persecución a causa de su fe, para que encuentren consuelo y fortaleza en Cristo y en la solidaridad de la comunidad cristiana, roguemos al Señor.
  5. Por las familias, para que vivan en el amor y la unidad, acogiendo con fe y esperanza las dificultades de la vida diaria, roguemos al Señor.
  6. Por los enfermos y los que sufren, para que sientan la presencia sanadora de Cristo en sus vidas y reciban el apoyo necesario, roguemos al Señor.
  7. Por nuestros difuntos, para que gocen de la misericordia de Dios y alcancen la vida eterna en su presencia, roguemos al Señor.

Mensaje de Fe

La fe nos llama a reconocer la presencia de Dios en nuestras vidas, especialmente en los momentos de debilidad y dificultad. Es en estos momentos cuando la gracia de Cristo se manifiesta con mayor claridad, mostrándonos que en Él encontramos nuestra verdadera fortaleza.

Mensaje de Esperanza

La esperanza nos invita a mantener nuestros ojos en el Señor, confiando en su misericordia y esperando su intervención en nuestras vidas. Aunque enfrentemos resistencias y desafíos, sabemos que Dios está con nosotros y nos sostiene.

Mensaje de Caridad

La caridad nos impulsa a actuar con amor y compasión hacia los demás, siguiendo el ejemplo de Cristo. Aceptemos nuestras debilidades y las de los demás, y busquemos ser instrumentos de la gracia y la misericordia de Dios en el mundo.

Características

  • Duración aproximada de la homilía: 10-15 minutos.
  • Sujetos hacia quién va dirigida: Fieles en general, incluyendo familias y comunidades parroquiales.
  • Frase conclusiva: Recordemos siempre que, en nuestras debilidades, Dios se manifiesta con su poder y misericordia, llamándonos a ser testimonios vivos de su amor.

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